VAMOS A LA PLAYA



playa, nucleares no, el Rebollet, autoestop

La chica hace  auto-stop una practica de transporte en desuso hoy en día, 
El logo de su camiseta  “nucleares no gracia” es del 1975 la version en  castellano del 77, !! Como pasa el tiempo !! mas de 40 años, 
Esta frente a una  gasolinera , un punto de parada recurrente para los autoestopistas , la que se ve al fondo se llama el Rebollet , su estética me fascino desde pequeño, esta en la única carretera que recorría la costa mediterránea española,
Esa chica no va en viaje de negocios, no es una Erasmus, tampoco esta buscando novio,
no es una revolucionaria peligrosa ¿ o quizás si?
Esa mujer  !!esta de vacaciones !! en el sentido mas amplio de la palabra la historia y del intelecto

Pero no es el centro de la historia que quiero contar


chiringuito, playa, Pepica, El Bobo, La murciana

 Hoy empiezo unos dias de vacaciones, como otras muchas personas… con “trabajo” . Las vacaciones pagadas , es un invento moderno, lo de ir a la playa tambien, lo del trabajo se sigue reinventando.
Resulta raro pensar en que antes  no existió ese derecho ¿ vacaciones ?

barcas, casitas baño, playa, dibujo

 La playa es un “no lugar “, el sitio adecuado para ir de vacaciones , ir a la playa es dejar de hacer algo productivo, desconectar.
 Las ilustraciones , pretenden mostrar costumbres humanas de las que esa playa a sido testigo 
Comparto con vosotros 18 ilustraciones que Reme la responsable de redes me ha pedido para alimentar las redes del museo en este mes  en que nadie esta en lo que esta, si es que esta. para estas  vacaciones de 2018

dibujo, playa, casitas playa, familia

En el Mediterráneo, las familias  en la canícula se trasladaban junto al mar, por puro instinto de supervivencia, buscando la brisa marina , pero se seguía trabajando, entonces los ingresos eran responsabilidad única del  “cabeza de familia “  (entre nosotros vaya mierda ser hombre en aquella época y lugar )

dibujo, playa, pescador, Rll

Hubo un tiempo en el  que no se iba a la playa,  ( lo fino era tener la piel muy blanca ) el que iba era para ganarse la subsistencia como los pescadores con  la técnica de “ en Rall “, 

dibujo, playa, castillo arena, niños


Los niños por esencia son exploradores y la playa significaba la posibilidad de poder construir su propio mundo su castillo de arena, “ castillo en el aire” o utopia como prefiráis

niños, playa, dibujo, gafas de buzo

Tambien de romper otra frontera del intelecto , la playa te permita asomarte , al fondo marino, ver debajo el mar, asomarte a otros mundos vivos, 
Lógicamente con la tecnología disponible en su tiempo, los privilegiados llevaban reloj sumergible, nunca entendí bien porque, 


dibujo, playa, tellinas, rastrillo, turista

En un momento dado alguien de fuera de nuestras fronteras empezó a mostrar interés por estos nuestros rituales ancestrales , o simplemente buscaron estar mas cerca del sol

dibujo , playa , burro, ceramica, turistas , souvenir


La cosa fue a mas, la combinación “sol y playa”  la gastronomía y las costumbres locales empezaron a atraer mas y mas adeptos, 

Se inicio el ancestral ritual de intercambio de “presentes” . En la playa coincidieron en un momento dado burros ( un animal precioso que hoy en día esta en vías de extinción) y el  bikini ( bikini hace referencia a una prueba con bombas atómicas, en unas islas del pacifico, de nuevo nucleares no gracias), “ El Bikini” se convirtió en en el símbolo de que algo estaba cambiando y no solo en España

playa , gorros baño , sirenas, dibujo, nivea


La industria vio un filón, la propaganda entro en acción, las avionetas  volaban en paralelo a la linea de playa , bombardeándola con balones con su marca comercial, ( sospecho que fue la forma de recolocar a los aviadores que después de la segunda guerra mundial quedaron en paro )
En aquellos tiempos no se estilaba el protector solar, lo que tocaba era ponerse alguna grasa para freírse mas rápido

playa , oficina , turismo, dibujo

El Turismo de sol playa paso a ser un puntal de la economía Española;
Dos curiosidades; con el fin de facilitar la vida al turista se decretaron dos normas que considero fueron muy operativas; El precio de las cosas debía estar en lugar visible y debía ser fijo ( con eso se cerro puerta a la ancestral costumbre del regateo y a la del timo) y apareció el cartel de “NO SE ACEPTAN PROPINAS”


Cuando los españoles viajamos fuera nos extrañamos de que en muchos países desarrollados la propina sea el sueldo de los camareros

playa , nudistas , monjas, dibujo

Despojados de nuestras ropas, todos somos un poco mas iguales, La playa se convirtió en un lugar de encuentro entre gentes de diferentes lenguas , culturas, ideologías y creencias, simplemente necesitaban sintetizar vitamina C

La cuestión de clases sociales se mantuvo naturalmente y aunque en España las playas son de acceso libre ( no las hay privadas) si que digamos hay zonas mas bien de gente con posibles 

playa , jubilados , paseo , dibujo


Jubilados de toda Europa decidieron prolongar las vacaciones y decidieron quedarse mas tiempo; y dieron ejemplo de que se podía envejecer de otra manera, no se si es una mera coincidencia , pero empezaron a desaparecer del paisaje las abuelas enlutadas, y pasado no mucho tiempo , los jubilados españoles se apuntaron en masa a los viajes del Inserso , al mismo tiempo que los jóvenes  se fueron de Erasmus,  !!ya éramos europeos !!



playa , vigilante  , dibujo

La belleza del mar suele confundir a los incautos , la bondad de la naturaleza llega a donde llega,

Hubo que educar a las gentes construir garitas en las que ondea una bandera que según un código de colores indica si esta permitido o no el baño, 

playa , resaca , dibujo


Las playas se usan de día, pero después de esas noches locas de verano, alguno que otro cae en la falsa idea romántica de dormir sobre la arena escuchando las olas del mar, mala idea, te comen los bichos, pasas frío, amanece mas pronto de lo que crees y no es nada romántico, a esa hora pasan las maquinas rastrillando y limpiando la playa ( lo digo por experiencia )


 , playa, ambulante , vendedora , subsahariana , barquilla , dibujo


Las playas no solo son visitadas por la población  local y los europeos de vacaciones,  del otro lado del mediterráneo llegaron gentes que mas que venir huyen de su lugar de origen , no todos logran llegar y encontrar su modo de vida aqui .
Pocos son los que tienen conciencia de que este mar tiene dos orillas, para algunos  todo termina en el horizonte, para los mas en la paella que les acaban de servir 



playa , industria , turismo , sol , dibujo

A mi estas migraciones  estacionales en masa a " PRIMER LINEA DE PLAYA " , me recuerda a la migración de los Ñu en el Serengeti, a los cardúmenes de peces, a las bandadas de estorninos en otoño,
Me recuerda que el ser humano es gregario y sospecho que esa característica es parte de su éxito como especie,  luego están los que van casi por libre , “ los exploradores” que también forman parte de la especie y que necesitan a los demás mas e lo que se piensan 

playa , vacaciones , dibujo , el mar es mentira


Lass uns an den Strand gehen.
Let’s go to the beach
Andiamo alla spiaggia
la oss gå til stranden
dezagun hondartzara
Laten we naar het strand gaan
Allons à la plage.
låt oss gå till stranden
anem a la platja
mennään rannalle
пойдем на пляж

Disfrutad y recordad  ; “el mar es mentira”
Lo importante ;
. - Los franceses legislaron por primera vez “las vacaciones pagadas ",
. - Los españoles pusimos el escenario “la playa” , 
. - Los italianos aportaron su sabiduría ancestral ; el arte del  “dolce far niente “

.-  El logo de la camiseta “ nucleares no gracias” es holandés y

 Aquí me paro, con la lista de aportaciones nacionales/Locales  ,  pero  quede  claro que a mi  el reto Europa... me VA, me sirve para comprender mejor la complejidad de la vida, que ella  la UE no sepa donde va , no me preocupa , solo hace que la quiera mas.
Aqui unos cuantos   videos para ponerle a las ilustraciones "paisaje sonoro",
Si conocéis algún  mejor !!otro perfecto !! ,  se admiten sugerencia, estos son simplemente los que hemos encontrado sobre la marcha

El Verano , fue un espacio temporal y mental ,  que dio para muchos y variados temas musicales , claramente era un estado mental nuevo que daba para relajar los estrictos criterios culturales de "la alta cultura"









                                   

 La "canción del verano" dejo de ser algo local muchos otros se apuntaron a ese fenómeno mixto , para asombro de la "alta cultura "  lo local lo banal , desperto  atención e  interes internacional 











Los Manolos lograron hacer de una canción un himno  , usando y aprovechando  las claves de la canción del verano. elllos lo comprendieron TODO




Cuando el sol, se apagaba no todos dormían pero esa es otra historia 





Llego la globalización, y descubrimos que habían otras playas , otras musicas otras costumbres,  !!gracias Brasil !! cuanto disfrute bailar estos ritmos

REPOSTERIA VALENCIANA

piuletes y tronadors , dia de los enamorados, Valencia

En la sociedad tradicional los dulces tenían estatus de casi lenguaje, marcaban efemérides y tenia su simbolismo una receta secreta  y  un ritual , cada mes cada localidad tenia su particular “menú” 

Por Sant Donis: "La Mocaora: piuletes y tronadors en el dia de los enamorados , Valencianos

Por pascuas , "la mona de pascua"

mona de pascua



Introducción
El cinco de octubre de 1932 en el habitual programa de los miércoles que emitía Unión Radio Valencia, Maximiliano Thous Orts, aprovechaba la cercanía del nueve de octubre para hablar de la costumbre folklore más vinculada a ese día, la mocadorà. 
Miércoles 5-10-1932
LA FIESTA DE SANT DIONÍS

Pocas veces he realizado, yo, la valentía de colocarme ante el micrófono, dispuesto a enjaretar la charla folklórica de los miércoles, con la seguridad, que hoy tengo, de traer un temita sencillo, agradable y de absolutísima actualidad.
Y lo enuncio, enseguida, para evitar a ustedes el más leve trabajo mental. Voy a hablar, no más allá de cinco minutos, de la valencianísima fiesta de Sant Dionís, de les piuletes, dels tronadors, de la costumbre galante de fer el mocador a la novia... Tema histórico, dulce, sabroso, amatorio y de innegable relieve en el folklore valenciano.
A los valencianos de la capital, y a muchos del reino, no hay por qué recordarles el origen de la fiesta y los detalles de la misma, que son conocidísimos.
A los señores radioyentes que ignoren todo esto, pronto vamos a enterarles.
El día nueve de octubre de 1238, ¡hace la friolera de setecientos años! Don Jaime, El Conquistador, entraba victorioso en Valencia. 
Ya están aquí las piuletes y los tronadors. Piuleta: flexible canutillo de papel, relleno de pólvora, doblado en forma de eme mayúscula y atado por el centro. Parecido a lo que en otras tierras llaman “triquitraque”. Tronador: canuto de caña, embutido de pólvora, cuya explosión atronaba y de este tronar tomó su nombre.
Hubo una vez que, en vísperas de la fiesta, ocurriósele a cierto ingenioso confitero, simular las piuletes y los tronadors, con sabroso mazapán y dulce yema, substituyendo la envoltura por azucarada pasta del tono del papel y de la caña. 
Cesó el estrépito de la pólvora. La diversión, grata al oído y al olfato, convirtiose en placer del paladar aficionado a golosinas.
Víspera de fiesta. Los confiteros rivalizaban en la presentación de su mercancía. Cantidad, calidad, tamaño, buen gusto para adornar el escaparate de su tienda. Entablada la competencia, sobre los primitivos tronadors y piuletes, el arte reposteril fue amontonando aditamentos: confites de colores, talcos relucientes, rizada alhama de plata, “vidre volaor”, como decían al espurnado de partículas brillantes, lazos, cintas, etcétera, etcétera. Ya es difícil adivinar las siluetas del tronador y de la piuleta, bajo los arbitrarios adornos que las sobrecargan.
Buena distracción para una víspera de fiesta, cuando no había matinés en los teatros, ni se conocía el cine, ni las calles ciudadanas estaban medianamente alumbradas, buena distracción este paseo de la víspera de Sant Dionís, para pasar revista al adorno de las confiterías.
Y natural, naturalísimo, que el pretendiente, el novio, el esposo de la dama, cuyos ojos se encandilasen ante tanta dulce tentación, se apresurase a obsequiarla llegando al máximo límite de sus posibilidades económicas. Aquí surge el mocador.
No estaban en boga los actuales envases para bombones, ni parecía chic prevenirse de un cestillo, como si se tratase de ir a la compra. Era más señor, aun cuando luego haya parecido más plebeyo, adquirir un mocador para llenarlo a colmo de azucarados materiales.
¡Qué mocador! Era el bello tiempo en que todas las rientes acequias que vivifican nuestra huerta, tenían como guardias de honor en sus márgenes, la doble fila de las frondosísimas moreras, de verdes, amplias, carnosas hojas que los gusanos de seda, en cientos de millares, comían vorazmente para deglutir más tarde el recio hilo, que devanado del capullo de ebúrnea blancura, pasaba a los incontables telares, movidos a mano y pie por nuestros expertísimos tejedores. 
No era entonces, Lyon, el centro de las sederías europeas. Triunfaba por el mundo la seda valenciana. Y en aquel mocador de seda, colocaba el galán la dulce ofrenda. “Utile dolci”, que dijo Horacio en su Arte poética. ¿Cómo no había de obtener todos los sufragios una moda que de momento deleitaba el paladar con la dulcedumbre y más tarde prolongaba el recuerdo con la utilidad del sedeño tejido, vistoso, suave y perdurable?
“Fer el mocador” (hacer el pañuelo, llenar el pañuelo) es frase todavía viva en el folklore valenciano y costumbre que renace con tanto brío como la de las fallas, aunque, naturalmente, no mueva tanto estruendo ni mantenga en igual expectación a valencianos y forasteros.
Cuídanse de mantenerla los confiteros; no desagrada, ¡es claro!, a las mujeres, que son las beneficiadas. Es de esperar que hogaño crezca el entusiasmo por esta fiesta.
Y yo me atrevería a recomendar, aun a trueque de que se me crea subvencionado, que todos los valencianos, dispuestos a seguir la galante costumbre de obsequiar a sus damas, no desdeñen la adquisición del mocador, el auténtico mocador, con preferencia a las cajas exóticas y frecuentemente cursis. Moda es, o ha sido hace poco o lo está siendo o lo volverá a ser, que nuestras jóvenes ciudadanas acorden con la boina que sujeta las cortas melenas, el pañuelo de seda que desliza sobre sus hombros, prestigiando el busto y realzando la belleza del rostro... ¿Qué más elegante que un pañuelo de seda valenciana? Elegante lo nuestro y útil también... y todo cae en casa. La economía y el folklore andan de perfecto acuerdo en este caso de valencianía económica y de artística elegancia.
¿Siempre fue así la fiesta de Sant Dionís? ¿Siempre hubo piuletes y tronadors de mazapán en los escaparates?
Conozco una excepción. Voy a mentarla porque se trata de nombres y de hechos ocurridos hace sesenta y tres años, que les van a sonar a ustedes como de actualidad absolutísima.
Anteayer hizo esos años, el 3 de octubre de 1869, levantáronse en la provincia de Valencia dos partidas republicanas.
Pero recelo que aquella noche las piuletes y los tronadors no estaban en los escaparates de las confiterías. Piulaven i tronaven de bona veritat en mitad de la calle.
No; no. Nuestra Constitución ha declarado la guerra fuera de la ley. Y peor si la guerra es entre hermanos.
En Sant Dionís o en cualquier otra fecha, los tronadors y las piuletes, de dulce. Tragedias, no. Ya hemos sufrido bastante.
Aprovechemos estos momentos de relativa paz y hagamos el mocador llenándolo de esos proyectiles agradables e inofensivos cuyos peores daños reponen con cierta facilidad el ricino o el bicarbonato.





Introducción
El diecinueve de abril de 1933 en el habitual programa de los miércoles que emitía Unión Radio Valencia, Maximiliano Thous Orts, aprovechaba el día señalado para hablar de la festividad de pascua y su folklore. En esta charla Thous hace referencia au uso festivo de las cometas en estats fechas y a los diversos dichos que en la cultura popular valenciana nos hablan de ello.


Miércoles 19-4-1933

A semejanza de muchos cachirulos que han constelado el cielo de Valencia, durante los días de Pascua, yo acabo de hacer fil trencat.
En nuestro folklore, esto equivale a haberse roto el cordel que une el cachirulo a las manos del que lo empina. Cuando ocurre ese accidente, el cachirulo, impulsado por el viento, se aleja; pero, atraído por la fuerza de la gravedad, cae donde menos podía figurárselo el remuntador.
Así estoy, yo: empujado a la deriva, una vez roto el cordel que me unía a Valencia. Pero por fortuna la caída no es de gravedad. Es, sencillamente, de pronóstico reservado. Y no tan reservado que no pueda decir, que antes de pocas horas descenderé entre los almendros de Jijona y las palmeras de Elche. 
A los señores radioyentes, habituales a estas breves charlas, que yo declaro paladinamente, por ser ello de mi obligación y de mi devoción, hallarme estos días “pensando en la mona de Pascua”. La frase es de las más conocidas en el folklore valenciano.
Cuando se quiere decir de uno que está distraído, que se halla ausente de lo que se habla, que no pone atención a lo que se le dice, que olvida lo que se le encargó… dícese en castellano que “se le fue el santo al cielo”. En valenciano decimos que está “pensant en la mona de Pasqua”.
Pues bien: la frase tiene, hoy, en el presente caso, mejor aplicación que nunca; porque, real y efectivamente, yo he estado y estoy pensando en “la mona de Pascua”. Lo mismo habrán hecho muchísimos, innumerables valencianos. Con la no pequeña diferencia de que ellos lo hacían en plan de diversión y yo, pobre de mí, en el de investigación folklórica. 
La actualidad me ha planteado un problema que muchas otras veces se me ocurrió aclarar y pronto le perdí la pista. He aquí la cuestión: ¿Qué razones etimológicas puede haber para que la combinación de panquemao y huevos cocidos, duros, reciba el nombre de mona?
Vamos por partes, pues el tema no es tan sencillo como a simple vista parece. Y la primera parte va a ser declarar intrusa la palabra panquemao. No es valenciana. En la Ribera se dice, muy apropiadamente, “panou”, que no debe traducirse por pan nuevo, sino por pa en ou (pan con huevo). Lo de quemado es versión castellana cuya procedencia no me he decidido a averiguar. Ya le llegará el turno. Si, efectivamente, se tratase de decir que el pan está quemado, en valenciano diríamos “pacremat” y no “panquemado”, absolutamente castellano en las dos palabras que lo componen.
Volvamos a la mona. El uso y abuso de huevos cocidos en esta época del año está perfectamente justificado. Obedece a leyes de producción y economía más claras que el chocolate de casa de huéspedes.
Por este tiempo, las prolíficas gallinas ponen sus huevos con más abundancia que en cualquier otra época del año. Antes, cuando no había tráfico, ni las transacciones, ni las elaboraciones industriales que hogaño tienen el huevo por primera materia, la abundancia de huevos de gallina, durante las pascuas, excedía a las necesidades del consumo. Y como se trataba de días de fiesta, de comilona y de holganza, era naturalísimo que se echase mano del comestible más abundante y en mayor peligro de descomposición. Una buena cantidad de huevos era mezclada con la harina de primera para confeccionar el sabroso panou. Y los otros huevos, destinados a la merienda, forzoso era que fueran hechos duros, porque en esa forma es fácil el transporte.
Creo que esto está suficientemente explicado. Ahora no está de más añadir que la costumbre de los huevos de Pascua, no es sólo valenciana, su área es mundial. Pero en otras latitudes no tienen igual carácter que aquí, aun cuando el origen folklórico pueda ser el mismo.
La verdad es que yo tampoco me he podido explicar, satisfactoriamente, que se llame “mona” a la mezcla del pan dulce y los huevos cocidos. 
Hay una teoría. La he oído a muchos aficionados a estos estudios y a muchos viejos valencianos. Todos coinciden en ella. Yo debiera aceptarla. Sin embargo, la tengo en cuarentena.
Dícese que, con afán de adornar la especie de pastel vistoso que constituye el pan dulce con los huevos incrustados –huevos pintados de diversos colores, rojos con preferencia y sujetos con tiritas de pasta simulando trenzas y cordones–, para rematar este monumento de pastelería, había la costumbre de colocar encima, como estatua en su pedestal, un muñequito de velludo, de terciopelo, que afectaba la graciosa forma de una monita en actitud grotesca.
Esto es verdad. Yo recuerdo que en mi juventud era muy corriente este adorno que, hoy, por excepción ponen algunos pasteleros.
Pero, la verdad, no sé si el nombre se debe a esa forma del adorno o precisamente todo lo contrario: se puso ese adorno para que fuese en consonancia con el nombre popular que los valencianos habían adjudicado al pastel de Pascuas.
Asunto es este que algún día pondremos a controversia. No ha de ser menos que el origen de Cristóbal Colón en cuya historia hay un famoso huevo que pudiera tener alguna relación con este nombre de mona.
Hay dos frases vulgarísimas y algo parecidas –aunque diametralmente opuestas en su sentido– usadas a diario por nuestro pueblo: “Poner cara de mona” y “poner cara de Pascua”.
Cuando a alguien escéptico, descreído, “duro de pelar”, se le prueba con toda evidencia algo que negaba firme y reiteradamente, en valenciano se le dice: “¿Has vist, bonico? ¡T’han deixat cara de mona!”.
En cambio, cuando uno está satisfecho, contento, seguro, confiado, y la satisfacción rebosa en el semblante, nuestro folklore, como el castellano, dice que “¡pone cara de Pascua!”.
Poner cara de mona y cara de Pascua, bien se ve que no son la misma cosa. A pesar de que la mona de Pascua es una e indivisible.

Muchísimas gracias. ¡Salud y floklore!








XALA


dolce far niente


Xala es una palabra valenciana que no conocia y que a mi entender resume en cuatro letras una expresión Italiana bien conocida el “dolce far niente”

No es fácil “ el gusto , el control de  no hacer nada” , una actividad intelectual  que es muy beneficiosa, pero con riesgos, siempre advierto  a mis hijos de que el  mayor peligro  es no saber identificar cuando as terminado de no hacer nada.


humedales, campo de arroz




Introducción
El ventiseis de abril  de 1933 en el habitual programa de los miércoles que emitía Unión Radio Valencia, Maximiliano Thous Orts, aprovechaba el día señalado para hablar de la xala, es decir, de las costumbres de ocio. En esta charla Thous hace referencia a los diversos dichos que en la cultura popular valenciana nos hablan de este tema.

Miércoles 26-4-33
ANAR DE XALA

Cuando ha dejado de sonar el estrambote monero del día de San Vicente, flexible cua del catxerulo que templan, como tres tirantes, los tres días de Pascua Florida, yo –que dicho sea de paso, me he mantenido al margen de la fiesta, no aburrido sino interesado en observar todos los detalles característicos de la misma– no tengo que pensar mucho en el tema de la charla folklórica de esta noche.
Parece que el propio tema está pidiendo a voces que le dejen asomar al micrófono. Es del más puro y vulgarizado folklore valenciano: la xala.
¡La xala! ¡Nada menos que la xala!
Me atrevería a decir que no hay frase más representativa del regocijo popular que esta, tan valenciana.
Anar de xala, en Valencia, es el supremo quitapesares. Y tan arraigada está la costumbre; tan viejo es el abolengo, que de buena gana diría, como es de cajón, que “se pierde en la noche de los tiempos”, si no oliese a rancio el tópico, ni tuviera yo la íntima persuasión de que los tiempos no tienen noche.
El primer punto a tratar es la etimología.
¿De dónde procede la palabra xala?
Acabo de hacerme la pregunta y no he tenido tiempo para buscar adecuada respuesta. Temo mi fracaso si voy a buscar la explicación en los diccionarios. Así, de primera intención, recordando palabras vulgares, en boga, no veo relación justificada. ¿Chalar? ¿Chalao? ¿Chalet? Nada suena a valenciano.
Tan pronto como llegue a casa me ocuparé de poner en claro esta etimología.
Si alguno de los buenos amigos que me oyen la sabe ya, y tiene la bondad de decírmelo, yo le agradeceré infinito el trabajo que puede evitarme y que recelo no ha de ser fácil ni breve.
Lo que es una xala… no necesitan explicármelo. Afortunadamente, lo sé por repetidísima experiencia. Y aun creo que podría ilustrar a muchos que se tienen por perfectos xaleros; pero no saben alquitarar la regocijante esencia que trasciende de esta popularísima costumbre valenciana.
Que en esto, como en todo, hay exquisitos gustadores y torpes tragaldabas de paladar blindado.
Ruego a los amabilísimos radioyentes no desdeñen la xala suponiendo que va a oler a hez de vino, ni sonar a bronca voz ineducada.
Yo afirmo, categóricamente, que la xala tiene todos los encantos de la ingenua alegría popular y el sabor de lo más gustoso y el perfume de las flores montañesas, tan gratas al fino olfato como las químicas esencias urbanas.
Para poner la xala en el lugar que merece, huelga la definición. Vale más hacer hincapié en sus detalles característicos.
Condiciones precisas para ir de xala:
Ante todo, salir de casa. Hay que ir; no se puede estar de xala en la casa donde se reside a diario. Hay que ir al campo, al monte, a la playa… La decoración y el ambiente son indispensables para que haya xala.
Es también precisa la compañía; la comunidad de afectos; la franca amistad y camaradería entre los que van de xala.
Conviene muchísimo que cada uno tenga distinta afición o profesión para que cada uno de los xaleros pueda ofrecer una habilidad que divierta a los restantes. De este modo, todos coadyuvan al éxito y todos gozan del espectáculo.
Finalmente –y como condición última es la sine qua non para que la xala sea perfecta– ha de estar asegurada lo que entre los valencianos es corriente decir “una bona armonia”.
Esto de la armonía es interesantísimo para un pueblo tan pacífico y tan filarmónico como el nuestro.
Lo de tener armonía quiere decir, naturalmente, que todos vayan acordes; que nadie desentone ni desafine; y puestos los temperamentos y las educaciones a prueba de vino, cuando el alcohol desata las lenguas y excita las pasiones, nadie tire por las veredas de la malicia, ni se engalle con desplantes de majeza, ni se abisme en los llantos de una borrachera llorona.
Así es que, en fin de cuentas, para que la xala sea efectivamente una alegre y característica xala valenciana hacen falta, exactísimamente, las mismas condiciones precisas para toda obra bella; a saber: Unidad, variedad y armonía.
Sobre todo, armonía. No le quiten ustedes esto de la armonía a ningún xalero, pues le habrán aguado la fiesta.
¿Que alguno de ustedes tenían formado distinto concepto de esta honestidad que yo atribuyo a la xala? Es muy posible.
Yo diré a ustedes dónde nace la confusión.
Por ejemplo: hay quien dice “anar de xala” o “anar de rauxa” o “anar de trompa”. Para este buen amigo, todo es uno y lo mismo: diversión a base de paseo, vino y algaraza.
Y no es lo mismo. Son tres matices de folklore valenciano perfectamente diferenciados.
Ir de rauxa –que parece sonar en castellano a ir de ráfaga– no es ir, como en la xala, a un punto determinado donde preparar la comida, con los juegos aperitivos, las bromas de sobremesa y los cantos del retorno. La rauxa es algo de razzia: ir de aquí para allá, libando en todas partes, haciendo “estaciones”, tomando y dejando algo en cada parte.
Ir de trompa tampoco es ir de xala; ni ir de rauxa. Ir de trompa es algo más burdo y más torpe. Diversión agresiva como falta de respeto para el prójimo y con segura derivación hacia el retén de policía, cuando no está la meta en el Juzgado de Guardia.
En la xala, por ejemplo –y con esto sigo apuntando los rasgos característicos–, no es discreto pasar como medida de alegría “a motor de alcohol”, de la mitja punta. La mitja punta valenciana es el estado de alegría sin complicaciones. Alegría decidora, simpática, que a todos se comunica; alegría que no ofende, sino al contrario: se traduce en efusiones de cariño para todos cuantos rodean al que no es bebedor de vicio, sino que bebía aquel día para ponerse al mismo tono que todos los que forman parte de la xala. Armonía, ya lo he dicho: muchísima armonía.
Claro es que, cuando se habla de mitja punta queda dicho que debe existir una punta entera… Existe… existe, desgraciadamente.
El que pren una punta de esta clase; el que desentona; el que malogra la xala con sus intemperancias, es declarado indeseable. No se irá más de xala con él.
Ese puede ir de rauxa o de trompa. De xala, no. La xala es fiesta sana del pueblo; y el pueblo valenciano, en su casi totalidad, con aquellas excepciones que más concretan la regla general, goza con los donaires, las canciones, las bromas ingeniosas… Pero abomina de la grosería y de la guapeza pendenciera.
¡Ah! Y no sean ustedes mal pensados y crean ustedes que yo estoy de xala estos días, y por eso no acudo personalmente a Unión Radio. ¡Ojalá!
Pero, en fin, ya que yo no puedo, recomiendo a ustedes vayan por mí.
Lo pasarán bien.
Me consta. Y es probado.




Miércoles 19-7-1933
L’ALBUFERA


Si viven, ustedes, en Valencia o cerca y tienen ustedes automóvil propio o algún amigo que lo tenga y se lo preste, lo cual es mucho mejor –porque así se eliminan gastos e incomodidades–, no se priven del placer de un viajecito al Perelló por la nueva carretera del Saler, entre la Dehesa y la Albufera.
Recreo de los ojos, sedante de los nervios, tonificador de los pulmones. Es tan grato este viaje que deja memoria imperecedera. Y además enciende el deseo de volver a repetirlo y de mostrar el hallazgo a los familiares y a los amigos de mayor aprecio.
Yo tengo, por fortuna, varios amigos lo suficientemente ricos y benévolos para tener automóvil y prestármelo alguna que otra vez. Repartida la carga entre ellos, apenas si les es molesta; eso creo yo, tal vez ellos no opinen lo mismo, pero si callan y asienten y hasta acompañan el obsequio con la cortesía de una sonrisa, no hay por qué darse por enterados. Aconsejo a ustedes el experimento. 
Volvamos al camino, que es delicioso, pintoresco y de valencianísimo atractivo en ese trozo de Monteolivete al Saler que ustedes deben conocer todos, hasta los radioyentes de menos posibilidades económicas, ya que por una peseta les llevan los autobuses de línea. Allí las barracas a parejas, blanquísimas, limpísimas, adornadas con la policromía de geranios, murcianas, margaritas, dompedros y unas grandes campánulas blancas que a mí, que estoy pez en botánica como en otras muchas cosas, me parecen azucenas. Si no lo son, merecen serlo. 
Y los chopos y las moreras bordeando las acequias; y los patos nadando tranquila y gallardamente. 
Ya en Pinedo se puede ver a la derecha el bosque de palos de las barcazas del puerto del Tremolar. Puerto de agua dulce, principio del carrerot o canal navegable por donde las panzudas barcas van desde la huerta cercana a Ruzafa hasta las compuertas del Perelló, atravesando el lago, entre matas verdes, nidales de las viajeras aves acuáticas que aquí nos hacen el honor de criar su prole y el magnífico “lluent”, terso como bruñida plata, en los días de calma, rizadito como echarpe de pluma así que el llevantolet sopla sobre la superficie, por encima del verdinegro bosque de la Dehesa.
Y es un espectáculo sorprendente, ahora que ya están altos los arrozales, en una extensión anchísima, que limita con las estribaciones del castillo de Cullera, los campanarios de Silla, Alfafar, Catarroja, Picasent, etc., y al fondo la sierra baja, como sombra gris-azulada; es un espectáculo que impresiona graciosamente ver avanzar recortadas sobre el horizonte las panzudas velas latinas hinchadas por el fresco viento de la tarde sobre un blando y ligeramente agitado mar verde esmeralda que simulan las matas de arroz fáciles al cimbreo cuando apenas las acaricia un soplo de brisa mediterránea.
No se ve el agua, ni los márgenes del canal. Solo se ve la verde extensión vegetal por donde los barcos se deslizan, incomprensiblemente para quienes no conozcan los entrebastidores y foros de este natural escenario.
Salgo de Pinedo porque voy directo al Perelló a besar la sandalia del Maestro Serrano que vive allí patriarcalmente, a la sombra del Micalet; de un Micalet suyo, que él se ha hecho construir en su propia casa y que, para parecerse más al de Valencia, está sin terminar en la espadaña. Ahora bien, el Maestro lo justifica plenamente diciendo que espera saber las dimensiones del reloj de torre que le van a enviar de Suiza. Una maravilla de sonería que a sus horas tocará la “Marcha de la Ciudad”. 
Hemos salido de Pinedo con pena de no pasear por las bellísimas huertas de la Fonteta de Sant Lluís y de Castellar, ni recorrer a paso lento –del auto, ¡eh!; a mí no me bajan del automóvil ni con una grúa–, a paso moderado, para ir saboreando el placer de la contemplación en esa Carrera de En Corts, que es toda ella un encanto, vista a la luz violeta del crepúsculo, cuando el vientecillo húmedo refresca y del suelo sube ese olor inconfundible, blando y excitador a un tiempo, de la tierra recién regada.
Me parece que no paso de Pinedo. Ya llevo tres o cuatro párrafos de prosa bucólica sin avanzar un paso. Hay que hacer una arrancada. ¡Ya está!
Dejo atrás Villa-cursi. ¿Dónde está Villa-cursi?, se preguntará algún radioyente que conozca bien aquel paraje. No la conocerá por el nombre, que es de mi propia invención; pero no dejará de adivinarla. Queda a la derecha del camino entre Pinedo y el Saler. Es una villa de recreo (al menos eso creerá el amo) que no tiene mucha más amplitud que una caseta de transformador de energía eléctrica o seis casetas de vía crucis, juntas, en el caso de que no sean de las grandes.
Pudo, muy bien, el propietario construir allí una barraqueta, a tono con el paisaje y eficaz para el descanso; pero le purearon los humos de grandeza y ¡hay que ver el adefesio!
Piso alto, terraza con balaustres –no creo que lleguen a una docena–, jarrones, estatuas, balcón decorativo, radio, pararrayos y garita para el perro. Todo dentro de una superficie limitada por cinco metros de frontera por siete de profundidad. ¡Un verdadero alarde de cursilería! 
A todo esto, he salido de Pinedo y no adelanto gran cosa. Ya va desarrollándose a la izquierda la pinada y matorrales de la Dehesa. Ya columbro a la derecha las casas, la entrada del camino al Perelló, en ángulo recto con el talla-focs que conduce a la playa del Saler, y los maillots más interesantes de todo el litoral, desde las Arenas a la Creu del Moro.
“¿Y el folklore?”. El folklore está en todo lo largo y lo hondo de los caminos y de las huertas. Y ahora más, camino de la Mata del Fang, cuando voy a cruzar el Rincón de Sancha. Sancha, la famosa serpiente (¡lagarto, lagarto!) de la Dehesa. He aquí el lugar plácido, donde el pastorcillo, con su flauta de caña, llamaba al reptil y le alimentaba con leche de sus ovejas, con lo cual ganó su voluntad y le seguía rastreando por todos los agrestes parajes entre aguas lacustres y marinas. He aquí el lugar donde el pastor, ya viejo, regresado de la guerra de Italia, volvió a llamar a su protegida. Y salió Sancha terrible, grandísima, espantosamente fuerte, y tal abrazo de cariño dio al pastorcillo protector de su infancia que lo estrujó entre sus flexibles y potentes anillos. 
La carretera va recta hacia la Mata del Fang, que emerge a la derecha entre las aguas de la Albufera que a estas horas están teñidas de verdes y azules y amarillos y anaranjados.
Las puestas de sol son aquí maravillosas. Yo recomiendo al paseante esta hora de las cinco y media de la tarde, en la estación presente, cercana al crepúsculo, porque la puesta del sol da un inmenso prestigio a la Albufera.
Hasta los juncos y los bimbaus, los plumeros altos de los cañaverales, vistos a la contraluz anaranjada y dorada de esta hora, luz que no hiere la retina y que se diluye con el cadmio y el violeta, adquieren un relieve, un vigor que hace pensar en el cortejo fastuoso de palmas que acompaña al más poderoso Rajah de la India, coleccionador de brillantes, guardador de fieras y castigador de bellezas femeninas coreográficas en los cabarets parisinos.
Al llegar a la Mata del Fang, el camino llano se interrumpe poco más de un centenar de metros, para reanudarse luego, firme, recto, bien afirmado hasta el magnífico puente próximo a inaugurarse, poco más acá de las compuertas de la Gola del Perelló.
Hay que desviar el coche un poco hacia la Dehesa para sortear este trozo malo y volver, como el hijo pródigo, al buen camino que nos espera para llevarnos al próximo puente del Perellonet.
Y es un encanto pasear entre pinos, romerales y eucaliptos por los talla-focs de la Dehesa.
Talla-focs (cortafuegos), sendas y caminos que van cuadriculando el bosque a fin de servir de línea que ataje un posible incendio.
Junto a las compuertas del Perellonet hay diseminados unos pocos pescadores de caña, al parecer ilusos. Un humorista castellano ha dicho que “el pescador de caña es un aparato que comienza en un anzuelo y acaba en un tonto”.
Me guardaré, yo, mucho de decir otro tanto, porque, más allá del Puchol y luego en pleno Perelló, he visto como una treintena de pescadores en sus barquets gozan la alegría de ir cobrando llisses y llobarros, de tal cual peso, aparte las tencas menos apreciadas, pero más gruesas y alguna anguilita inexperta y curiosona que, al tragarse el anzuelo, causa la desesperación del pescador que no sabe cómo arrancárselo.
¡Vaya folklore el de la pesca, el pescado, el pescador y la pescadora valencianos!
¡Como para escribir diez tomos de letra menuda o hablar más que en todos los mítines del Estatuto!
Artes de pesca con ham (anzuelo) o con xarxa (red). Diferencias entre el bou, el bolig y el artó frente al volantí i el palangre.
Especialidad de la encesa y el fanalet, agravantes de alevosía, ensañamiento y nocturnidad… Tema para una serie de charlas bien nutridas. Algún día las enjaretaremos.
Nombres de los peces, de los pescados. Hay que tener en cuenta el refrán valenciano que dice: “Lo que hi ha en el cove és peix i lo demés és peixquera” 

Pero en fin, peces en el mar y pescados fuera de su elemento, los nombres valencianos son tan diferentes a los castellanos que por sí solos bastarían para marcar la diametral oposición a la clasificación de dialecto que algunos, caprichosa e ignorantemente, se obstinan en mantener.
Allá van unos cuantos:
Llus------------------------------ merluza, ¡igualitos!
Moll------------------------------ salmonete, ¡idénticos!
Llenguado---------------------- palaia o peluda, ¡confundibles! 
Tonyina------------------------- atún, ¡exactos!
Y escorpa, reig, sorell, orà, llobarro, aladroc, etc., etc., etc.

Pues ¿y la peixcadora? Sus costumbres, su lenguaje, sus artes para camelar al parroquiano, sus burlas despiadadas, su facilidad para engallarse o para llorar, sus súbitos consuelos que han dado vida al refrán: “El pesar de la peixcadora: pastilla, bollet i got d’a quinzet”...
hasta hoy, que presentan el pescado en los escaparates como si se tratase de orfebrería fina, joyas de filigrana y piedras preciosas a precio no mucho más reducidos.
Así hoy, al menos, me resarciré de las críticas si alguien, hoy con más razón que nunca, al oírme desbrozar el folklore de la pesca, dice en plenísimo folklore: “Este pobre hombre no sabe lo que se pesca”.